
Otra de las justificaciones de la elección de Aerodom como concesionaria de los aeropuertos fue que proponía «la mayor inversión», US$417 millones en 20 años, más otros US$85 millones en un Fondo de Promoción Turística. La coordinación estaría cargo del Ministerio de Turismo, la concesionaria y Asonahores, cuyo director ejecutivo de entonces, Arturo Villanueva, fue miembro de la Comisión Técnica de Apoyo a la Licitación, y votó a Aerodom como ganadora.
A la vista del estado de las instalaciones transcurrido el tiempo, siempre hubo dudas sobre cuánto se invirtió realmente. Había contemplada una primera fase, en la que Aerodom debía invertir US$203 millones en los tres primeros años. Incumplió flagrantemente y lo reconoció. Lejos de ser sancionada, volvió a ser premiada por el Estado.
En 2004, cuando el Gobierno apremiaba a Aerodom por el poco avance de las obras del Aeropuerto de El Catey, se supo que la compañía no había logrado el financiamiento al que se comprometió por contrato. Sin embargo, adujo que era por causas no imputables a ella, sino al Estado dominicano, por «la reducción de la categoría soberana de la República Dominicana». En marzo de 2005, cuando la categoría soberana del país era aún peor que la de 2004, Vitelio Mejía Ortiz, anunció públicamente, «como asesor legal» de Aerodom, que esta había cerrado un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Export Development Canada (EDC) por US$125 millones. Lo que había cambiado es que su valedor fue la agencia canadiense de fomento de las exportaciones, por la presencia de Vancouver Services en el accionariado de Aerodom, y que se había demostrado que era una empresa con un gran flujo de caja.
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